La mujer que amo no se parece a nadie, como tampoco a nadie me parezco yo. La suma de sus atributos físicos, más el conjunto de sus emociones, multiplicados por mi anhelo de estar con ella, besarla, acariciar su piel, sentir su humedad, dividido entre un sin fin de complicaciones, es directamente proporcional a una explosión de 1000 megatones.
¿Cuantas veces a mitad de la noche no me he despertado pensando en ti, evocando tus ojos, tus manos, tu tatuaje en el brazo? El número de veces no la sé con precisión matemática, pero fue suficiente que tu imagen se apareciera un día de forma muy sutil en mis pensamientos cuando me despedía de ti, para que nunca más salieras de mi cabeza, y poca a poco, día con día, esa imagen instalara en mi corazón como su nuevo hogar, y una vez ahí, cada noche, en cada sueño aparecieras.
Eso acontece cada noche. En el día, durante el tiempo que trabajamos juntos, no podía dejar de seguirte con la mirada, buscar el pretexto mínimo para estar contigo y reír de mil tonterías, pero también como acontecimiento histórico, por primera ocasión en mi vida, sentí una emoción que era para mi completamente ajena, un demonio, una fuerza que fue difícil de controlar una vez que la reconocí, los celos. Siempre he podido reconocer tu belleza y celebrarla, pero comenzó a ser incómodo darme cuenta cómo te observan los hombres, y de pronto llegar a saber que eres la ilusión de muchos de ellos.
Pero como dije, yo no me parezco a nadie, hay en mi interior fuerzas más poderosas que pueden transformar todo ese miedo e inseguridades en otras cosas, tengo fuerza de voluntad, y aun más, poseo un amor sin límite por la mujer que habita en mi corazón.
Ahora que ya no trabajamos juntos, que no te puedo ver todos los días, lo que me mantiene dentro de las fronteras de la cordura es la fe, y aunque no puedo seguirte con la mirada, sí te veo en cada momento, cada que cierro los ojos, y aun cuando los abro sigues ahí, te veo en todas las cosas, porque todas las cosas guardan algo de ti, eres omnipresente, porque como dije, la mujer que amo no se parece a nadie más.
La suma de tus risas, más el conjunto de tus anhelos, multiplicados por mi deseo de estar contigo, besarte, acariciar tu piel, sentir tu sexo, dividido entre un sin fin de complicaciones, es directamente proporcional a quiensabe qué, no se parece a nada, es incomparable, como tú y yo, no se parece a nada, mujer extraordinaria.
¿Cuantas veces a mitad de la noche no me he despertado pensando en ti, evocando tus ojos, tus manos, tu tatuaje en el brazo? El número de veces no la sé con precisión matemática, pero fue suficiente que tu imagen se apareciera un día de forma muy sutil en mis pensamientos cuando me despedía de ti, para que nunca más salieras de mi cabeza, y poca a poco, día con día, esa imagen instalara en mi corazón como su nuevo hogar, y una vez ahí, cada noche, en cada sueño aparecieras.
Eso acontece cada noche. En el día, durante el tiempo que trabajamos juntos, no podía dejar de seguirte con la mirada, buscar el pretexto mínimo para estar contigo y reír de mil tonterías, pero también como acontecimiento histórico, por primera ocasión en mi vida, sentí una emoción que era para mi completamente ajena, un demonio, una fuerza que fue difícil de controlar una vez que la reconocí, los celos. Siempre he podido reconocer tu belleza y celebrarla, pero comenzó a ser incómodo darme cuenta cómo te observan los hombres, y de pronto llegar a saber que eres la ilusión de muchos de ellos.
Pero como dije, yo no me parezco a nadie, hay en mi interior fuerzas más poderosas que pueden transformar todo ese miedo e inseguridades en otras cosas, tengo fuerza de voluntad, y aun más, poseo un amor sin límite por la mujer que habita en mi corazón.
Ahora que ya no trabajamos juntos, que no te puedo ver todos los días, lo que me mantiene dentro de las fronteras de la cordura es la fe, y aunque no puedo seguirte con la mirada, sí te veo en cada momento, cada que cierro los ojos, y aun cuando los abro sigues ahí, te veo en todas las cosas, porque todas las cosas guardan algo de ti, eres omnipresente, porque como dije, la mujer que amo no se parece a nadie más.
La suma de tus risas, más el conjunto de tus anhelos, multiplicados por mi deseo de estar contigo, besarte, acariciar tu piel, sentir tu sexo, dividido entre un sin fin de complicaciones, es directamente proporcional a quiensabe qué, no se parece a nada, es incomparable, como tú y yo, no se parece a nada, mujer extraordinaria.

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